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CLASES
DE TRATAMIENTOS
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Psicoterapia
Individual
-
Pareja
-
Familia
-
Grupo
TIPOS DE
TRATAMIENTO
a)
Psicoterapia de
Emergencia:
Tratamiento indicado en situaciones de
crisis agudas o puntuales.
b) Psicoterapia
breve y/o focal:
Tratamiento en el que se acuerda con el
paciente enfocar el trabajo terapéutico
sobre el o los conflictos concretos más
importantes durante un lapso de tiempo breve
o preestablecido.
c) Psicoterapia
de Apoyo: El
objetivo de este tratamiento es acompañar y
ayudar al paciente a reestablecer el
equilibrio psíquico perdido durante un
período de tiempo que puede ser breve o más
largo en función de sus necesidades.
d) Psicoterapia
de Inspiración Analítica:
Este tratamiento, que como los anteriores,
se realiza sentados cara a cara terapeuta y
paciente, busca realizar un análisis más
amplio de los conflictos y defensas del
paciente cuando estos afectan a áreas más
amplias de su personalidad y está
suficientemente motivado para explorarlas.
Requiere de entre una y tres sesiones
semanales y entre uno y tres años de
tratamiento.
e)
Análisis de diván o Cura tipo:
Su objetivo es realizar un análisis lo más
amplio y profundo posible de los conflictos
conscientes e inconscientes del paciente.
Este es un tipo de tratamiento que requiere
de gran motivación, curiosidad y capacidad
de introspección. Está indicado
especialmente para los futuros
psicoterapeutas psicoanalíticos puesto que
forma parte fundamental de su entrenamiento
y formación.
CUADROS CLÍNICOS
NOTA
El ser humano es
complejo por naturaleza, lo mismo que sus
conflictos, de tal manera que siempre
confluyen múltiples circunstancias, bien
sea de orden constitucional bien sea de
orden ambiental que se complementan a la
hora de la creación de la estructura de
personalidad y que hacen que los síntomas
posteriores estén sobredeterminados.
La persona pasa por muy
diversas etapas evolutivas en su vida, y
cada una de ellas va dejando sus huellas más
o menos profundas. Tales huellas, que
también pueden ser heridas o traumatismos,
posteriormente se manifestarán en diferentes
rasgos de personalidad o de carácter, así
mismo, determinarán, en buena medida, los
tipos de trastornos psicopatológicos y
sintomatología en el futuro.
Es
importante pues, tener en cuenta la
complejidad y diversidad de los componentes
de la personalidad a la hora de realizar un
buen diagnóstico para no encasillar ni
encasillarse rígidamente en alguno de los
conflictos o trastornos de la personalidad
descritos a continuación, descripciones,
además, que dado que el propósito de la
página web es proporcionar únicamente una
primera información, necesariamente tienen
que ser esquemáticas y poco exhaustivas.
Son el resultado de un
conflicto del “yo” del sujeto, cuando su
deseo sexual entra en colusión con otros
componentes de la personalidad, generalmente
inconscientes, dando lugar a síntomas tales
como la impotencia, la eyaculación precoz,
la falta de deseo o la anorgasmia.
Dependiendo de la profundidad y extensión
del conflicto las disfunciones pueden ser
leves y episódicas o con tendencia a
cronificarse.
Son temores desproporcionados
e inadecuados de origen infantil y/o
traumático que producen gran angustia y
limitaciones en la vida de las personas que
las padecen. Aunque las fobias proceden de
lo imaginario, del mundo interno, sin
embargo, el paciente percibe los peligros
como procedentes de la realidad externa y
reacciona ante ellos como tal. Existen
innumerables fobias, aunque las más
importantes son: la agorafobia (temor a los
espacios abiertos), la claustrofobia (temor
a los espacios cerrados) y las zoofobias
(temor a determinados animales o insectos)
etc.
La persona obsesiva se
caracteriza por una imperiosa necesidad de
control. Todo debe estar en orden y en su
sitio, de tal manera que cuando siente que
lo pierde o que puede perderlo surge
inmediatamente la ansiedad, la angustia. El
yo se ve invadido entonces por determinados
pensamientos recurrentes de origen
inconsciente u obligado a realizar
compulsivamente determinados rituales con
objeto de recuperar el control perdido.
Tales pensamientos y/o actos generan, a su
vez, más angustia y una nueva sensación de
amenaza de pérdida de control por lo que se
cierra el circulo.
La autoestima es un
sentimiento que se genera desde la más
temprana infancia y que se alcanza
inicialmente como resultado de la
identificación con el amor y los cuidados de
los padres o sustitutos en un momento
evolutivo en el que estos ocupan el lugar de
modelos o ideales. Es un quererse-valorarse
a sí mismo como anteriormente se ha sentido
amado y respetado.
La falta de autoestima en el
adulto resulta de la distancia que se
produce entre el “yo” tal cómo se percibe a
sí mismo y su “ideal”, es decir, cómo le
gustaría ser. Si el “ideal” al que el “yo”
aspira no ha evolucionado suficiente y no ha
sufrido las trasformaciones necesarias para
hacerlo más realista y asequible, se
conserva como un ideal excesivamente
exigente e inalcanzable, entonces se vuelve
patógeno, de tal manera que el sujeto haga
lo que haga, y por bien que haga las cosas,
sentirá que nunca está a la altura de lo
exigido y por tanto su autoestima resultará
dañada.
Conflictos existen siempre,
desde el nacimiento, pero hay
determinadas épocas en la vida del ser
humano en que parece que todo se le complica
más de lo esperado.
Una de ellas es la
adolescencia, la transición de la infancia a
la juventud, en ese momento, con el
desarrollo de la sexualidad genital, se
produce una auténtica revolución en el ser
humano con tensiones muy fuertes tanto a
nivel interno como a nivel externo.
La siguiente crisis vital
importante surge en la transición de la
juventud a la madurez, es el tiempo del
encuentro con el mundo laboral y también con
la posibilidad de establecer una relación de
pareja y crear la propia familia.
La siguiente crisis ocurre
en la transición de la madurez a la vejez,
cuando la jubilación y realidad de la muerte
asoma de forma inexorable.
En cada una de ellas siempre
es necesario realizar el duelo por lo que se
perdió y por lo que pudo haber sido y no
fue, para poder alcanzar la siguiente etapa
y vivirla con plenitud. Es muy frecuente que
se produzcan, atascos y retrasos en la
elaboración de estos procesos de duelo que
requieran de ayuda profesional para
llevarlos acabo.
Dentro de los diferentes
tipos de conflictos que existen, hay algunos
que su campo de batalla está
fundamentalmente en el espacio del mundo
intrapsíquico y que se manifiestan y
resuelven mediante procesos de elaboración
de sentimientos, fantasías, sueños y
pensamientos. Sin embargo hay otro tipo de
conflictos que su campo no está en el mundo
interno ni en el espacio simbólico de las
palabras, si no que las batallas se dirimen
en el campo de la acción misma. Las personas
impulsivas sufren este tipo de conflictos
por sus dificultades para pensar y contener
sus afectos, de ahí que traten de
resolverlos mediante, acciones, hechos
consumados, conductas que resultan
precipitadas e inapropiadas.
Existen muchos tipos de
depresión, desde las más leves de tipo
neurótico, a las más graves de tipo
psicótico. Las diferencias entre ellas
depende de los distintos componentes de la
estructura de la personalidad que a su vez,
determinan las distintas formas de
defenderse del dolor y de las pérdidas
reales o imaginarias, así como de la
posibilidad de hacer duelos normales o
patológicos.
Los duelos patológicos en
las depresiones más graves de caracterizan
por una infinita nostalgia, una melancolía
alimentada por la dificultad que tiene el
“yo” de diferenciar si lo perdido está fuera
de él o está dentro de sí. También se
caracterizan por una radical defensa ante un
“superyó” o “instancia paterna”, vivida como
muy culpabilizadora y cruel, a la que puede
llegar a desarticular en sus funciones.
También llamados trastornos
maníaco-depresivos. Se caracterizan por
oscilaciones del “yo” más o menos profundas
y prolongadas entre el polo depresivo y el
polo maníaco. Cuando el “yo” está en el polo
depresivo siente que no es “nadie” pues
vive sometido y a la sombra de un “otro”
que ocupa el lugar de modelo-ideal. En
cambio, cuando el “yo” está en el polo
maníaco, siente que ha logrado alcanzar ese
lugar de “modelo-ideal”, entonces se muestra
eufórico y triunfante, se siente poderoso,
por encima de la ley, del bien y del mal,
incluso de la muerte. Todo parece que le
está permitido, es capaz de comerse al
mundo, no existen los límitesl. El riesgo de
suicidio es importante en ambos polos aunque
tienen características distintas.
Existen diversos tipos de
trastornos psicóticos, pero el conflicto
común a todos ellos es el que mantiene el
“yo” con la realidad, una realidad vivida
como hostil y de la que se defiende
radicalmente desestimándola, no queriéndola
admitir ni tramitar. Una de las
consecuencias de ello es la dificultad para
distinguir entre fantasía de realidad, mundo
interno de mundo externo, que en momentos de
crisis agudas se manifiesta mediante
delirios y/o alucinaciones.
Hay un grupo de síndromes
entre los que se encuentran las
adicciones, los trastornos graves de
la alimentación tales como la
anorexia y la bulimia y por
último los trastornos psicosomáticos
en los que el conflicto fundamental del
“yo”, común a todos ellos, tiene lugar con
los propios afectos, y consiste en una grave
dificultad para admitirlos, desarrollarlos,
sentirlos y expresarlos en el espacio
simbólico de las palabras, fantasías y
sueños. Por el contrario, existe una defensa
inconsciente radical y pertinaz ante ellos
que los desestima y rechaza, impide su
desarrollo, evolución y trasformación en
matices afectivos y sentimientos. Ante la
falta o anulación de dicho espacio psíquico
que es el mundo de lo simbólico, los
conflictos, las batallas, de dirimen en el
espacio del “yo” más primitivo de todos, el
propio “yo” cuerpo.
Las personas que utilizan de
forma masiva este tipo de defensas radicales
ante el afecto están expuestas a todo tipo
de somatizaciones o síntomas corporales: no
sienten tristeza sino apatía o inapetencia,
no sienten furia sino voracidad, no sienten
apenas el dolor psíquico sino que
directamente se manifiesta como dolor
corporal. Ante la falta de espacio para
sentir y pensar, cuando surgen los problemas
se ven desbordados y tienden a enfermar
físicamente.
Dada la complejidad de los
seres humanos, es posible que una buena
parte de pacientes sean susceptibles de
desarrollar en momentos de crisis
sintomatologías propias de cualquiera de los
trastornos que he descrito anteriormente, no
obstante, generalmente existe una estructura
de personalidad más o menos estable con una
serie de rasgos que definen un carácter y le
otorgan a cada persona un estilo propio.
Hay, sin embargo, un tipo de
personalidades, las llamadas personalidad
límite, que se caracterizan por la
multiplicidad de sus rasgos, por su
inestabilidad psíquica y por los cambios
rápidos y bruscos de su estado emocional.
La razón de ello es que su
psiquismo mantiene, de forma escindida,
componentes activos de las distintas etapas
evolutivas debido a fijaciones traumáticas
que se produjeron en su momento. Se podría
decir que las heridas sufridas en las
distintas etapas de la vida no se han
cerrado o no han cicatrizado bien, sino que
se han ido arrastrando y acumulando a lo
largo del tiempo, manifestándose en forma de
una sintomatología muy variada y una
personalidad con estilos diferentes y
cambiantes. El dolor psíquico se manifiesta
mediante sentimientos de gran confusión.
E-mail:
magranerbernardo@gmail.com
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