BERNARDO MAGRANER - PSICOLOGO CLINICO

BERNARDO MAGRANER - PSICOLOGO

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TRATAMIENTOS

CLASES DE TRATAMIENTOS

  • Psicoterapia Individual

  • Pareja

  • Familia

  • Grupo

TIPOS DE TRATAMIENTO

a) Psicoterapia de Emergencia: Tratamiento indicado en situaciones de crisis agudas o puntuales.

b) Psicoterapia breve y/o focal: Tratamiento en el que se acuerda con el paciente enfocar el trabajo terapéutico sobre el o los conflictos concretos más importantes durante un lapso de tiempo breve o preestablecido.

c) Psicoterapia de Apoyo: El objetivo de este tratamiento es acompañar y ayudar al paciente a reestablecer el equilibrio psíquico perdido durante un período de tiempo que  puede ser breve o más largo en función de sus necesidades.

d) Psicoterapia de Inspiración Analítica: Este tratamiento, que como los anteriores, se realiza sentados cara a cara terapeuta y paciente, busca realizar un análisis más amplio de los conflictos y defensas del paciente cuando estos afectan a áreas más amplias de su personalidad y está suficientemente motivado para explorarlas. Requiere de entre una y tres sesiones semanales y entre uno y tres años de tratamiento.

e) Análisis de diván o Cura tipo: Su objetivo es realizar un análisis lo más amplio y profundo posible de los conflictos conscientes e inconscientes del paciente. Este es un tipo de tratamiento que requiere de gran motivación, curiosidad y capacidad de introspección. Está indicado especialmente para los futuros psicoterapeutas psicoanalíticos puesto que forma parte fundamental de su entrenamiento y formación.   

CUADROS CLÍNICOS

NOTA

                     El ser humano es complejo por naturaleza, lo mismo que sus conflictos, de tal manera que siempre confluyen múltiples   circunstancias, bien sea de orden constitucional bien sea de orden  ambiental que se complementan  a la hora de la creación de la estructura de personalidad y que hacen que los síntomas posteriores estén sobredeterminados.

La persona pasa por muy diversas etapas evolutivas en su vida, y cada una de ellas va dejando sus huellas más o menos profundas. Tales huellas, que también pueden ser heridas o traumatismos, posteriormente se manifestarán en diferentes rasgos de personalidad o de carácter,  así mismo, determinarán, en buena medida, los tipos de trastornos psicopatológicos y sintomatología en el futuro. 

                        Es importante pues, tener en cuenta la complejidad y diversidad de los componentes de la personalidad a la hora de realizar un buen diagnóstico para no encasillar ni encasillarse rígidamente en alguno de los conflictos o trastornos de la personalidad descritos a continuación, descripciones, además, que dado que el propósito de la página web es proporcionar únicamente una primera información, necesariamente tienen que ser esquemáticas y poco exhaustivas. 

  • Disfunciones sexuales:

 Son el resultado de un conflicto del “yo” del sujeto, cuando su deseo sexual entra en colusión con otros componentes de la personalidad, generalmente inconscientes, dando lugar a síntomas tales como la impotencia, la eyaculación precoz, la falta de deseo o la anorgasmia. Dependiendo de la profundidad y extensión del conflicto las disfunciones pueden ser leves y episódicas o con tendencia a cronificarse.       

  • Fobias:

Son temores desproporcionados e inadecuados de origen infantil y/o  traumático que producen gran angustia y limitaciones en la vida de  las personas que las padecen. Aunque las fobias proceden de lo imaginario, del  mundo interno, sin embargo, el paciente percibe los peligros como procedentes de la realidad externa y reacciona ante ellos como tal. Existen innumerables fobias, aunque las más importantes son: la agorafobia (temor a los espacios abiertos), la claustrofobia (temor a los espacios cerrados) y las zoofobias (temor a determinados animales o insectos) etc.  

  • Trastornos obsesivo-compulsivos:

La persona obsesiva se caracteriza por  una imperiosa necesidad de control. Todo debe estar en orden y en su sitio, de tal  manera que  cuando siente que lo pierde o que puede perderlo surge inmediatamente la ansiedad, la angustia. El yo se ve invadido entonces por determinados pensamientos recurrentes de origen inconsciente u obligado a  realizar compulsivamente  determinados rituales con objeto de  recuperar el control perdido. Tales pensamientos y/o actos generan, a su vez, más angustia y una  nueva sensación de amenaza de pérdida de control por lo que se cierra el circulo. 

  • Trastornos de la autoestima:

La autoestima es un sentimiento que se genera desde la más temprana infancia y que se alcanza inicialmente como resultado de la identificación con el amor y los cuidados de los padres o sustitutos en un momento evolutivo en el que estos ocupan el lugar de modelos o ideales. Es un quererse-valorarse a sí mismo como anteriormente se ha sentido amado y respetado.

La falta de autoestima en el adulto resulta de la distancia que se produce entre el “yo” tal cómo se percibe a sí mismo y su “ideal”, es decir, cómo le gustaría ser. Si el “ideal” al que el “yo” aspira no ha evolucionado suficiente y no ha sufrido las trasformaciones necesarias para hacerlo más realista y asequible, se conserva como un ideal excesivamente exigente e inalcanzable, entonces se vuelve patógeno, de tal manera que el sujeto haga lo que haga, y por bien que haga las cosas, sentirá que nunca está a la altura de lo exigido y por tanto su autoestima resultará dañada.

  • Crisis vitales:

Conflictos existen siempre, desde el nacimiento, pero hay determinadas épocas en la  vida del ser humano en que parece que todo se le complica más de lo esperado.

 Una de ellas es la adolescencia, la transición de la infancia a la juventud, en ese momento, con el desarrollo de la sexualidad genital, se produce una auténtica revolución en el ser humano con tensiones muy fuertes tanto a nivel interno como a nivel externo.

 La siguiente crisis vital importante surge en la transición de la juventud a la madurez, es el tiempo  del encuentro con el mundo laboral y también con la posibilidad de establecer una relación de pareja y crear la propia familia.

 La siguiente crisis ocurre en la transición de la madurez a la vejez, cuando la jubilación y realidad de la muerte asoma de forma inexorable.

En cada una de ellas siempre es necesario realizar el duelo por lo que se perdió y por lo que pudo haber sido y no fue,  para poder alcanzar la siguiente etapa y vivirla con plenitud. Es muy frecuente que se produzcan, atascos y retrasos en la elaboración de estos procesos de duelo que requieran de ayuda profesional para llevarlos acabo.

  • Trastornos de conducta:

Dentro de los diferentes tipos de conflictos que existen, hay algunos que su campo de batalla está fundamentalmente en el espacio del mundo intrapsíquico y que se manifiestan y resuelven mediante procesos de elaboración de sentimientos, fantasías, sueños y pensamientos. Sin embargo hay otro tipo de conflictos que su campo no está en el mundo interno ni en el espacio simbólico de las palabras,  si no que las batallas se dirimen en el campo de la acción misma. Las personas impulsivas sufren este tipo de conflictos por sus dificultades para pensar y contener sus afectos, de ahí que traten de resolverlos mediante, acciones, hechos consumados, conductas que resultan precipitadas e inapropiadas.

  • Depresiones:

Existen muchos tipos de depresión, desde las más leves de tipo neurótico, a las más graves de tipo psicótico. Las diferencias entre ellas depende de los distintos componentes de la estructura de la  personalidad que a su vez, determinan las distintas formas de defenderse del dolor y de las pérdidas reales o imaginarias, así como de la posibilidad de hacer duelos normales o patológicos.

 Los duelos patológicos en las depresiones más graves de caracterizan por una infinita nostalgia, una melancolía alimentada por la dificultad que tiene el “yo” de diferenciar si lo perdido está fuera de él o está dentro de sí. También se caracterizan por una radical defensa ante un “superyó” o “instancia paterna”, vivida como muy culpabilizadora y cruel, a la que puede llegar a desarticular en sus funciones.   

  • Trastornos bipolares:

También llamados trastornos maníaco-depresivos. Se caracterizan por oscilaciones del “yo” más o menos profundas y prolongadas entre el polo depresivo y el polo maníaco. Cuando el “yo” está en el polo depresivo siente que no es “nadie” pues vive  sometido y a la sombra de un “otro” que ocupa el lugar de modelo-ideal. En cambio, cuando el “yo” está en el polo maníaco, siente que ha logrado alcanzar ese lugar de “modelo-ideal”, entonces se muestra eufórico y triunfante, se siente poderoso, por encima de la ley, del bien y del mal, incluso de la muerte. Todo parece que le está permitido, es capaz de comerse al mundo, no existen los límitesl. El riesgo de suicidio es importante en ambos polos aunque tienen características distintas. 

  • Trastornos psicóticos:

Existen diversos tipos de trastornos psicóticos, pero el conflicto común a todos ellos es el que mantiene el  “yo” con la realidad, una realidad vivida como hostil y de la que se defiende radicalmente desestimándola, no queriéndola admitir ni tramitar. Una de las consecuencias de ello es la dificultad para distinguir entre fantasía de realidad, mundo interno de mundo externo, que en momentos de crisis agudas se manifiesta mediante delirios y/o alucinaciones.    

  •  Procesos tóxicos:

Hay un grupo de síndromes entre los que se encuentran las adicciones, los trastornos graves de la alimentación tales como la anorexia y la bulimia y por último los trastornos psicosomáticos en los que el conflicto fundamental del “yo”, común a todos ellos, tiene lugar con los propios afectos, y consiste en una grave dificultad para admitirlos, desarrollarlos, sentirlos y expresarlos en el espacio simbólico de las palabras, fantasías y sueños. Por el contrario, existe una defensa inconsciente radical y pertinaz ante ellos que los desestima y rechaza, impide su desarrollo, evolución y trasformación en matices afectivos y sentimientos. Ante la falta o anulación de dicho espacio psíquico que es el mundo de lo simbólico,  los conflictos, las batallas, de dirimen en el espacio del “yo” más primitivo de todos, el propio “yo” cuerpo.

Las personas que utilizan de forma masiva este tipo de defensas radicales ante el afecto están expuestas a todo tipo de somatizaciones o síntomas corporales: no sienten tristeza sino apatía o inapetencia, no sienten  furia sino voracidad, no sienten apenas el dolor psíquico sino que directamente se manifiesta como dolor corporal. Ante la falta de espacio para sentir y pensar, cuando surgen los problemas se ven desbordados y tienden a enfermar físicamente.   

  • Trastornos de la personalidad límite:

Dada la complejidad de los seres humanos, es posible que una buena parte de pacientes sean susceptibles de desarrollar en momentos de crisis sintomatologías propias de cualquiera de los trastornos que he descrito anteriormente, no obstante, generalmente existe una estructura de personalidad más o menos estable con una serie de rasgos que definen un carácter y le otorgan a cada persona un estilo propio.

Hay, sin embargo, un tipo de personalidades, las llamadas personalidad límite, que se caracterizan por la multiplicidad de sus rasgos, por su  inestabilidad psíquica y por los cambios rápidos y bruscos de su estado emocional.

La razón de ello es que su psiquismo mantiene, de forma escindida, componentes activos de las distintas etapas evolutivas debido a fijaciones traumáticas que se produjeron en su momento. Se podría decir que las heridas sufridas en las distintas etapas de la vida no se han cerrado o no han cicatrizado bien, sino que se han ido arrastrando y acumulando a lo largo del tiempo, manifestándose en forma de una sintomatología muy variada y una personalidad con estilos diferentes y cambiantes. El dolor psíquico se manifiesta mediante sentimientos de gran confusión.  

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